viernes, marzo 1

En Rambouillet, la historia acecha al Castillo de la República

Nos deslizamos hacia el comedor donde estaba puesta la mesa. Dieciocho cubiertos. Valéry Giscard d’Estaing se sitúa en el centro, frente al majestuoso espejo de agua en el que se reflejan los primeros árboles del bosque. A su izquierda, Aldo Moro, el primer ministro italiano, que sería criado unos años más tarde por las Brigadas Rojas. A su derecha, el canciller Helmut Schmidt. Frente a ellos: el primer ministro británico Harold Wilson, su homólogo japonés Takeo Miki y el presidente estadounidense Gerald Ford. Además: Henry Kissinger, Jean-Pierre Fourcade… Es el 15 de noviembre de 1975, en el castillo de Rambouillet (Yvelines), donde se celebra la primera cumbre de las potencias industriales, el G6…

Los castillos siempre cuentan la historia de cabezas coronadas. Allí resuena el sonido de las armaduras, el murmullo de las conspiraciones, las lágrimas de los marqueses. Rambouillet es especial: flotan, silenciosamente, sobre las alfombras gastadas, los fantasmas de los ujieres de la Presidencia de la República y el susurro de los pijamas de los invitados prestigiosos alojados bajo un hermoso cartel. “Después de cazar en Marly, el sultán de Marruecos fue el anfitrión del almuerzo del señor Vincent Auriol en el castillo de Rambouillet” título El mundoy 13 de octubre de 1950. «METROA mí René Coty murió anoche en Rambouillet: dos columnas en nuestra portada, el 14 de noviembre de 1955. Porque eso es Rambouillet: el castillo de la República.

Por mucho que la finca sea inmensa y majestuosa, con sus lagos, sus islas, su Redil Nacional, su cabaña de conchas –y sus faisanes desde los que alcanzamos a lo lejos, en esta pálida tarde de diciembre, los sordos disparos de los rifles de caza-. por mucho que el edificio sea modesto: 3.900 metros cuadrados -una miseria, frente a los 55.000 de Versalles-, y asimétrico ya que un factótum de Luis XVI tenía un ala demasiado deteriorada para su gusto dinamitada. Sobre los adoquines mojados del patio, lo único que falta en la imagen, como en una película de los años 60, son los Citroën DS negros, esos coches oficiales que dejan a algún ministro a toda prisa.

Leer e informar (en 2003): Artículo reservado para nuestros suscriptores. Rambouillet, campo de reyes

“Era el refugio del poder, un lugar para respirar, no muy lejos de París. Allí nos entreteníamos en familia, con ligera etiqueta, en elegantes consejos de ministros”., dice Isabelle de Gourcuff, administradora del lugar, reuniendo a su alrededor la galería desaparecida de invitados del castillo mientras paseamos de una habitación a otra. Aquí nunca se ha rodado ninguna película. En los planos, cuando llegó, ciertas áreas estaban blancas. Ultra secreto. Seguridad nacional. La sala del consejo, los apartamentos de los jefes de estado extranjeros… “¿Te diste cuenta, cuando llegaste, que es un castillo que no puedes ver desde ningún lado?subraya el administrador con una sonrisa. Esto es bastante excepcional, ya que, a priori, este tipo de edificios fueron hechos para ser vistos. »

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